Julián Álvarez apareció cuando Argentina más lo necesitaba, cuando el partido se había convertido en una batalla, cuando el cansancio comenzaba a pesar y cuando cada pelota parecía tener el valor de una clasificación.
Encontró un espacio, sacó un remate formidable y desató el desahogo. Fue un golazo, de esos que se gritan con el alma y que también liberan. Porque Argentina necesitaba que alguien apareciera. Y apareció Julián.
El delantero fue mucho más que el autor del gol que terminó de empujar a la Selección hacia las semifinales del Mundial. Corrió, presionó, metió, peleó cada pelota y dejó hasta la última gota de energía sobre el campo. Hizo, en definitiva, el partido que pedía la noche; porque no alcanzaba solamente con jugar bien, en este tipo de batallas también hay que resistir, sacrificarse y entender que cada esfuerzo puede terminar siendo decisivo.
Julián lo entendió desde el primer minuto. Fue una presencia constante para la defensa rival. Cuando Argentina pudo jugar, se ofreció; cuando tuvo que correr hacia atrás, corrió; cuando hubo que presionar, fue el primero; y cuando apareció la oportunidad, no dudó. Su remate fue tan potente como preciso. Un bombazo para quebrar la resistencia, para acercar la clasificación y para transformar toda la tensión acumulada en un grito.
“Estoy muy orgulloso, obviamente, de estar entre los cuatro mejores del torneo”, dijo “Araña”, todavía con las pulsaciones de una noche que quedará guardada entre las más importantes de su carrera.
La actuación también tuvo una carga especial. En las tribunas estaban familiares y amigos que habían viajado específicamente para “hacerle el aguante” y ser parte de un momento que, como él mismo reconoció, quizás no vuelva a repetirse. “Hay muchos familiares, muchos amigos. Decidí que vinieran todos a apoyarme y que puedan vivir estos momentos tan especiales en la vida, que capaz no se repiten muchas veces”, contó. “A mí me pone muy contento y me genera mucho orgullo que ellos puedan vivir todo este tipo de cosas. Son los que siempre están en las buenas y en las malas”.
Pero Julián también habló de algo que esta Selección volvió a demostrar. Valoró la capacidad para sobrevivir y destacó que el partido se hizo cuesta arriba. “Obviamente hay que sufrir. Las selecciones que hemos enfrentado lo han hecho muy bien también. Nosotros tenemos cosas que podemos mejorar, pero en un Mundial las cosas se dan como se dan. Son partidos de mata-mata, en los que todos dejan todo”, explicó. “Este equipo deja todo hasta el final”, resumió.
Julián se refirió al cruce contra Inglaterra
Ahora espera Inglaterra. Otro desafío, un partido gigante en el que habrá muchísimo en juego; incluso mucho más que un boleto para jugar la final en Nueva York. Seguramente será otro partido en el que no sobre nada.
“Sabemos que tiene jugadores impresionantes, que es una gran selección y que lo está haciendo muy bien en este Mundial. Pero nosotros ahora tenemos que recuperarnos y preparar lo nuestro”, sostuvo. “Imagino cómo deben estar en Argentina. Lo que vivimos nosotros acá es que el estadio era un 95% de camisetas celestes y blancas, siempre apoyando y alentando. A la gente que está apoyando desde Argentina, desde su casa o desde cualquier lugar del mundo, le agradecemos. Siempre nos llega su apoyo y sus mensajes de cariño”, agregó.
Julián se tomó unos minutos para hacer una referencia especial para los más chicos. Esos que lo miran, que imitan sus festejos y que vivieron su gol como propio. “Ver cómo disfrutan, cómo están felices viéndonos jugar y con cualquier cosa que hagamos, a nosotros eso nos llega al alma”, sentenció.
Álvarez terminó la noche como la figura del partido. Con un golazo, con el premio al mejor jugador y con Argentina entre los cuatro mejores del Mundial. Sí; cuando el equipo más se lo esperaba, Julián apareció.